GÉNESIS
DEFENSORES DEL RÍO OPIA
El 2 de Octubre de 2019, un grupo de inquietos amigos de la naturaleza, residentes en el conjunto Residencial Salento, maravillados por el valor agregado de nuestros apartamentos con la vecindad del Río Opia, tuvimos la iniciativa de iniciar su recuperación. Encontramos un afluente mal oliente, con bocatomas abandonadas y llenas de desechos de todas las características y su vertiente invadido densamente por el pasto india que impedían su normal circulación.
Se contó con la colaboración de la Urbanizadora la Samaria y un grupo de residentes de Salento.
En la foto, de izquierda a derecha, Federico, Gerardo, Faustino y Ramiro. Además nos acompaño Hernando Vásquez y Juan Ruíz.
¿Pero dónde empezó ésta historia?
De regreso a Ibagué, después de cinco años de residir en Fusa y Bogotá al retirarme de mi vida profesional, tuvimos la fortuna de adquirir un apto en el Conjunto residencial Salento y lo mejor, con vista al que después descubriría ¡Era el Río Opia!.
El agradable despertar la primera noche de nuestra estadía, aquel 9 de agosto de 2019, fue con una agradable alborada de los chilacoes.
Me trajo a la memoria el terruño de mi tierra natal, cuando en una familia de 11 herman@s, teníamos que ayudarnos con la cacería para completar la dieta de aquella familia campesina y trabajadora, olvidada por el estado igual o peor que ahora; y eran los chilacoes, panguanas y rabiblancas las aves atrapados en la cimbra que hábilmente fabricábamos con mi hermano, las que surtían de proteínas la cocina de mi madre, cuando Reina, nuestra osada perra cazadora no encontraba borugas ni armadillos y perdía su día detrás de algún guatín.
Tenía que reivindicarme con los chilacoes. En una lata le colocaba continuamente maíz partido hasta el día que entendí que su canto y visita a la zona no dependía de si les daba alimento o no.
Fue así como empezó nuestra lucha por la defensa del Río Opia.
Después de extraer muchas basura, rozar y fumigar el pasto india, nos dimos a la tarea de sembrar algunas plantas nativas, como heliconias para alimentar a los colibríes con sus hermosas flores, Palmicha con la que nuestras abuelas fabricaban los sombreros semaneros, bijao para envolver los envueltos, papayos, aguacates y palma de chontaduro para el alimento de nuestras aves.
En nuestro trabajo de cuidado de las plantas nos encontramos con la dificultad para regarlas pues periódicamente el agua del río se encontraba contaminada y mal oliente.
Es así como iniciamos la pelea con Cortolima que negaba la existencia del río, al considerar que era un caño y sus aguas provenía de las alcantarillas, planteamiento que antes que desanimarnos nos entusiasmó a documentarnos y a oficiar a la autoridad ambiental para su cuidado.











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